Un té con Galgos, memorias y filosofía.

Un té con Galgos, memorias y filosofía

 

Por Maria Raquel Bonifacino

Autora de “Amantes Seriales”, Mukul más allá del Secreto, “Cuando no te ame”, “Cosas de piel¨”, “Amor amor amor”, “Juraré ante tus sábanas” “Ambigüedades de tu amor, un tango y un candombe” “Enredados en un latido” y otros libros.

 

 

Con la velocidad de un galgo le llegaron los recuerdos en esa esquina de Callao y Lavalle al filósofo Augusto Pérez Lindo, mientras nos disponíamos a compartir un té con charlas filosóficas en el Café Bar Notable “Los galgos”.

Se desplegó el calendario y viajó en el tiempo a 1961 cuando nació la idea, en ese mismo lugar, de crear un grupo de reflexión filosófica urbana, callejera entre cafés y geométricamente perfectos cuadrados de azúcar.

“Los cicutas” (evocando a Sócrates) fue bautizado este grupo que buscaba la verdad entre los cementos de las calles de Buenos Aires y en los cines de avanzada. El elenco filosófico estaba integrado por estudiantes inquietos y disconformes con las cajas de madera que imponía la sociedad para el pensamiento. Buscaban en los films de Antonioni, Bergman, Fellini, Alain Resnais, el pabilo que encendiera sus iluminaciones. Resguardados por los espíritus de Platón, Aristóteles, Sartre y Santo Tomás de Aquino nació la revista “Nova et Vetera”, (Únicamente para insatisfechos) y de la mano de la “beat generation” Alicia Contursi (sobrina de Pascual Contursi, autor del tango “Mi noche triste”, Augusto Perez Lindo, Renato Ferrari (un ex monje benedictino) y 6  estudiantes de la Facultad de Filosofía de la Universidad del Salvador, comenzaron un camino sin vueltas.

Mientras el aroma del té iba ocupando la mesa de 4 esquinas en el Café Bar “Los galgos” y mezclándose entre las memorias, la nostalgia y la siempre joven inquietud de Pérez Lindo, despertaban aquella antigua voluntad de unir lo novedoso con lo clásico en busca de una sabiduría existencial.

Y aún hoy, a pesar de que yo nunca había pisado “Los galgos” pude sentir sobre mi cabeza pasar los vientos de pensamientos de los fantasmas que quedaron como fieles clientes y ver la imagen difusa de un búho atravesar los espejos paralelos de este Café “filosófico” nacido bajo el bautismo de Minerva.

 

los galgos

Tomás Heffernan, Prof. Augusto Perez Lindo y Julián Diaz.

 

 

 

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